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Como iniciar una investigación

¿Cómo iniciar una investigación? el proyecto: punto de partida 

Elección del tema 

Como señalan Sabariego y Bisquerra (2004), el interés en un tema es el punto de partida de toda investigación científica. Este viene determinado por la experiencia personal, por lecturas realizadas, por materiales audiovisuales, internet o cualquier otra Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC), por una charla o conferencia, una observación o, de manera general, una idea u ocurrencia. 

De acuerdo con Sierra Bravo (2003), la elección del tema determina el área científica y la cuestión concreta a la que se va a referir la investigación. No obstante, esto no significa que sea tarea fácil, pues hay que dar respuesta a qué investigar y a qué buscar. 

Sin duda, la primera etapa que debe cubrir el investigador es saber seleccionar el tema que desea investigar. Para ello tiene que valerse de su relación con el tutor o director que le ayudará en el proceso, en su conocimiento sobre la temática y la experiencia que haya acumulado en relación con ella. De manera general, no es recomendable acometer un tema que se desconozca o para el que no se esté suficientemente preparado, puesto que es posible que se encuentren obstáculos en el camino emprendido, incluso, sorpresas que impidan continuar la investigación. Sea como fuere, es muy importante someter al juicio del director de la investigación el tema elegido o que se piensa elegir. 

Como un paso intermedio, el investigador puede llevar a cabo el análisis de las características que presenta el tema sobre el que quiere trabajar, para lo cual se puede plantear algunas cuestiones: 
a) ¿Es un tema atractivo? ¿Por qué razones? Esto contribuirá a una motivación añadida o por el contrario incrementará la fatiga y el pesimismo ante algo que no le convence en exceso. Deberán combinarse la motivación personal, el atractivo que pueda tener, y las posibilidades de ser estudiado (Buela-Casal, 2005). 

b) ¿Es un tema novedoso? Puede que no sea nuevo, pero novedoso sí. Es decir, con capacidad para absorber cambios, actualizaciones o mejoras debidas al paso del tiempo, a otras cuestiones emanadas de su propia naturaleza, incluso el contexto en el que se piense desarrollar. 

c) ¿Puede servir el tema para elaborar teorías? El estudio que se piensa desarrollar puede servir para crear bases teóricas que den lugar a nuevos estudios. 

d) ¿Es fácilmente accesible o presenta de partida inconvenientes que dificultan el acceso al mismo? Entran aquí cuestiones como bibliografía imprescindible y aplicación de instrumentos de recogida de datos. En ocasiones la temática es tan específica que ya de partida se reconocen dificultades para poder acceder a la misma. 

Algunos ejemplos de temas susceptibles de investigar (vinculados a la investigación social, en este caso) son los siguientes: 

- Orientación e intervención psicopedagógica. 

- Acción tutorial. 

- Agresividad y conflictos en el aula. 

- Integración de las TIC. 

- Las TIC en el proceso de aprendizaje del niño de Educación Infantil. 

- Organización de centros educativos. 

- La convivencia en la escuela. 

En un primer estadio el tema resulta excesivamente amplio y vago, por lo que se impone realizar una mayor concreción del mismo. 

 Formulación del problema 

La elección del tema constituye un primer acercamiento a la definición del objeto de estudio, pero necesariamente deberá afinarse y concretarse en un problema de investigación. Para ello generalmente se precisa de una revisión bibliográfica y/o consulta a expertos en el área temática que se esté valorando. La formulación del problema es un momento relevante en el proceso, dado que condicionará las definiciones posteriores para continuar el proceso. Y es que cualquier investigación viene precedida de la existencia de un problema, una situación que requiere de una respuesta o solución, o bien un vacío de conocimiento al que se pretende responder mediante ella, ya sea teórico y/o metodológico y/o práctico (en función de si se trata de una investigación básica o aplicada). Ninguna investigación científica puede acometerse si no se plantea un problema. El concepto de problema adquiere matices diversos según las definiciones que se recojan y la formación de los autores que las hagan. Al ser un término de uso popular, su acepción en el marco de la metodología de la investigación merece una distinción. La Real Academia Española de la Lengua ofrece en su Web un listado de definiciones, entre las que destaca el "Planteamiento de una situación cuya respuesta desconocida debe obtenerse a través de métodos científicos". Esta respuesta que el investigador no conoce va a suponer para él un reto, puesto que su anterior punto de partida es el tema elegido. Por tanto, deberá concretarlo y reducirlo ahora a algo investigable (McMillan y Schumacher, 2005), lo que conllevará diversas revisiones en tandas sucesivas hasta descender a lo realmente singular y particular. Para conseguirlo puede resultar muy útil identificar la población, las variables y la lógica que confiere consistencia al problema en sí mismo. Este proceso, aunque pueda parecer fácil, encierra mucha dificultad, especialmente para los investigadores poco experimentados, pues conlleva la capacidad de reducir todos los datos recogidos. De este hecho se desprende la necesidad de realizar un adiestramiento y un trabajo previo. En tal sentido, puede ser útil conocer algunos tipos de problemas:  Teóricos: su propósito es generar nuevos conocimientos (investigación básica).  Prácticos: los objetivos van destinados a la transformación de una situación concreta (investigación aplicada).  Teórico-prácticos: para obtener información desconocida en la solución de problemas de la práctica (investigación aplicada). A partir de aquí es necesario ya elegir correctamente el problema, para lo cual el investigador va a depender de su experiencia en el tema (algo que ciertamente adquirirá conforme avance el estudio, pero en este momento inicial, puede ayudarse de la revisión de la literatura, o bien la consulta a expertos), la importancia y relevancia científica que tenga éste en sí (que no se convierta en algo trivial e insignificante) o la actualidad del mismo. Lo siguiente será explicar el problema hasta llegar, finalmente, a su formulación definitiva. Para esto pueden servir de guía los criterios siguientes (Kerlinger, 1975):  Debe implicar de alguna manera que el fenómeno planteado se pueda observar.  Manejar dos variables como mínimo, lo cual facilita la definición del área problemática con mayor precisión.  Definir con claridad el problema: hacerlo de forma que no deje lugar a dudas, que cualquier persona entienda bien lo que se plantea.  Delimitar los aspectos que abarca. Un problema que esté bien definido y planteado, además de evitar quebraderos de cabeza al investigador, ya supone un avance considerable hacia su solución. De acuerdo con Cardona (2002, p. 70), ayudará al investigador hacer referencia en la definición del problema a: qué se estudia (objetivos), con quién (sujetos) y cómo se estudia el problema (variables). Esto lleva a contextualizar la situación problemática, es decir, no entrar directamente en la definición sino encuadrar el fenómeno que ha de investigar en una situación, un contexto o un panorama general que facilite la identificación y la comprensión del problema. Además, servirá de ayuda al investigador para no perderse en el intrincado proceso que está poniendo en marcha. Valdrá para ello todo tipo de información relevante sobre la naturaleza del problema, historia, estructura, síntomas, etc. Situar, en definitiva, su origen en cuanto a los intereses profesionales o científicos del investigador, sus conocimientos sobre el tema y la utilidad que dará a los resultados de la investigación. Aunque hay autores que no plantean el problema en forma de pregunta de manera exclusiva (Cardona, 2002; McMillan y Schumacher, 2005), lo más habitual es hacerlo en forma de interrogante (Bisquerra, 2004; Buendía, Colás y Hernández, 1997; Latorre, Rincón y Arnal, 2003; León y Montero, 2002). En la siguiente tabla se recoge un ejemplo de una secuencia de formulación de un problema en forma de pregunta, donde se aprecia que existen aspectos de la realidad a investigar que no deben sobreentenderse. MAL FORMULADO: ¿Existen diferencias entre los alumnos que aprenden a leer mediante el método silábico y los que lo hacen por el método global? MEJOR: ¿Existen diferencias entre alumnos del primer nivel de Ed. Primaria que aprenden a leer mediante el método silábico y los que lo hacen por el método global? BIEN: ¿Existen diferencias entre alumnos del primer nivel de Educación Primaria que aprenden a leer mediante el método silábico y los que lo hacen por el método global durante un curso académico completo? Siguiendo los criterios recogidos en los párrafos anteriores, se relacionan a continuación algunos problemas de investigación: a) ¿Cuál es la opinión del profesorado acerca de la inclusión de las competencias básicas en el currículum de la Educación Primaria y Secundaria? b) ¿En qué medida influyen las TIC en el rendimiento académico del área de Lengua Castellana en el nivel primero de Educación Primaria de los centros públicos de la provincia de Jaén? c) ¿Qué habilidades sociales ha de poseer un profesional competente del ámbito de la atención al público en el sector turístico, en la Riviera Maya [México]? Con la finalidad de conocer si el problema resulta importante, el mismo investigador puede tener en cuenta algunos criterios (McMillan y Schumacher, 2005): - Desarrolla conocimientos de una práctica habitual. - Desarrolla teoría. - Es generalizable, es decir, amplía el conocimiento o la teoría. - Ayuda a un avance metodológico. - Se relaciona con un algún tema político o social actual. - Resuelve una problemática concreta de una institución laboral, o una comunidad, centro educativo, o una región. En definitiva, el investigador puede conocer si el problema planteado es realmente significativo y válido para la ciencia, si guarda relación con una teoría, conocimiento o práctica educativa. Otra cuestión bien diferente será si la pregunta planteada tiene una solución viable. Formulación de las preguntas de investigación Tras la formulación del problema y prácticamente como una prolongación del mismo, el investigador se enfrenta a una serie de interrogantes que contribuyen a abrirle el campo de trabajo, pero a la vez le crean dudas en estos primeros instantes. En ocasiones, le pueden suponer un impedimento para conocer con claridad los pasos que debe dar. Se trata de que sea capaz de ir mejorando la redacción de estas preguntas, priorizando, concretando y afinando el contenido de las mismas de acuerdo al título, al problema subsiguiente y, posteriormente, a los objetivos que se fije. Dependiendo del tipo de investigación a la que dé lugar el problema y del tipo de acción que se persiga, las preguntas pueden ser diferentes, bien entendido que no existe una norma que deba seguirse en todos los casos. TIPO DE ACCIÓN PREGUNTAS Identificación ¿Cuál es el fenómeno? ¿Cómo se llama? Descripción ¿Qué importancia tiene el fenómeno que estudia? ¿Aparece a menudo? ¿Qué características tiene? ¿Aparece así o suele variar? ¿Se puede analizar en sus partes o factores? Exploración ¿Existen antecedentes del objeto de investigación? ¿Qué características presenta? ¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Qué lo produce? ¿Por qué se hace necesario experimentar con él? Explicación ¿Existe una explicación teórica o práctica del mismo? ¿Se encuentran asociaciones medibles? ¿Cómo actúa? ¿Se sabe por qué existe o de dónde procede? ¿Cuál es su significado? Predicción y control ¿Qué puede pasar si modificamos el objeto de estudio o introducimos una intervención? ¿Un suceso provoca otro? ¿Es posible modificarlo? ¿Qué ocurriría? ¿Se puede provocar su aparición? ¿Se puede controlar? Estas preguntas pueden ser de diferente naturaleza e implican un diseño distinto de investigación en cada caso (McMillan y Schumacher, 2005):  Descriptivas: tal y como se desprende del nombre, van unidas a investigaciones de este tipo y suelen responder a la pregunta ¿qué es? Aunque, no es habitual que estos términos se empleen en las preguntas de investigación debido a que las encuestas van dirigidas a opiniones o percepciones relacionadas con la práctica de aspectos particulares. Algunos ejemplos son: ¿Cuál es la opinión del profesorado sobre las competencias básicas? o ¿cuáles son las necesidades formativas de los maestros de Educación Primaria en relación con la acción tutorial?  De relación: plantean la relación entre dos o más variables, lo que lleva al investigador a un diseño de tipo correlacional. Esta dirección del proceso supone concretar bien el texto y ampliar, si fuera preciso, la definición de cada variable. Los estudios predictivos conllevan relaciones entre variables. Ejemplo: ¿Qué relación existe entre estilo de aprendizaje y pensamiento divergente entre los estudiantes de primer año de universidad? La pregunta plantea la relación entre las variables estilo de aprendizaje y creatividad. Para implicar predicción se podría formular otro ejemplo: ¿Cuál es la influencia de la nota media de acceso a la universidad y la percepción de éxito del alumno?  De diferencia: este tipo de preguntas plantean si existen diferencias entre dos o más grupos, dos o más tratamientos o dos conjuntos. Es decir, cuando se comparan dos o más observaciones. Por ejemplo: ¿Existen diferencias entre las puntuaciones del pretest y postest de una prueba de comprensión lectora? Al formular así las preguntas, se sugiere ya el tipo de estudio que se debe emplear, bien experimental, cuasiexperimental o de tipo ex post facto, según los casos. Como precisión final, es conveniente no olvidar la naturaleza de las preguntas de investigación en su sustento de todo el proceso, introduciendo el mismo y aportando las directrices que permitirán elegir con acierto el tipo de diseño, plantear los objetivos y formular las hipótesis. Definición de objetivos Gran parte de la bibliografía consultada apenas profundiza en el planteamiento y formulación de los objetivos, incluso algunos autores sólo los citan sin abordarlos realmente. Sin embargo, todas las investigaciones se basan en unos objetivos, que aparecen en los proyectos y en las memorias de investigación, a los que se recurre como referencia del resto de elementos que configuran el proceso seguido. De manera especial, los resultados y conclusiones finales. Para el investigador, además, resulta de gran utilidad -especialmente si es novelconocer no sólo la relación entre éstos y el tipo de investigación, sino también cómo saber formularlos adecuadamente. En este sentido, Sabariego y Bisquerra (2004) plantean una tipología de investigaciones basada en su relación con el tipo de objetivos:  Explicativas: probar teorías, contrastar o verificar hipótesis, confirmar relaciones entre variables y anticipar o predecir fenómenos.  Descriptivas o exploratorias: identificar y describir características que lleven a inducir conocimiento.  De carácter aplicado: buscan la resolución de un problema práctico. Según Cardona (2002), los objetivos pueden ser exploratorios (descriptivos), analíticos (explicativos o predictivos). Los primeros acercan al investigador al estudio de problemas poco conocidos, mientras que los analíticos estudian la relación entre una causa y un efecto. Estos diferentes planteamientos de los objetivos persiguen dar respuesta a la naturaleza de los enfoques o paradigmas de investigación, cada uno de los cuales aporta su propia personalidad en función del objeto de estudio. Se tienen, de esta forma, objetivos más amplios y generalizables en investigaciones cuantitativas; mientras que en las que presentan un corte más cualitativo, éstos serán particulares y ceñidos a situaciones y contextos concretos. La definición de objetivos es siempre en infinitivo y se utilizan verbos del tipo comprobar, establecer, identificar, recopilar, indagar, buscar, etc. Es decir, son operativos e implican acción, además de:  Incluir los sujetos que ejecutarán las tareas.  Indicar lo que se investigará.  Acotar las partes investigadas.  Apuntar hacia dónde y para qué se realiza la acción investigadora. En ocasiones se confunden objetivos e hipótesis, no en cuanto a la formulación, sino en los contenidos; para evitarlo es conveniente tener en cuenta el carácter descriptivo de unos, frente al relacional de las hipótesis. A partir de ahí se debe establecer una estrecha relación entre ambos con la finalidad de conocer con claridad lo que se desea realizar a lo largo del estudio. Llegado a este punto, se plantea al investigador el interrogante de cuántos objetivos son los que debe definir. Para Buendía, Colás y Hernández (1997) existe un objetivo general, que tiene un carácter muy amplio y expresa lo que va a hacer el investigador, y los objetivos específicos que concretan más las tareas. Como norma general, es conveniente que el investigador se apoye en el problema de investigación para expresar con un sentido de la totalidad el área problemática, incluyendo en el mismo las principales variables de la investigación. A modo de guía puede ser útil recorrer en varias direcciones el camino siguiente: Título > problema > objetivo general > objetivos específicos En la definición de objetivos específicos es fundamental seguir una secuencia lógica en la investigación y prescindir de aspectos triviales que se supone que van a ser conseguidos. De igual forma, serán acciones diferentes unas de otras, que marcarán etapas y sugerirán metodologías específicas de trabajo. En caso contrario, resultarán inoperantes y no servirán para nada. Al final, estos objetivos darán respuesta al objetivo general. Esto conviene no olvidarlo. En definitiva, los objetivos marcan los pasos a dar por el investigador para conseguir unos resultados que serán los que demuestren o no que se resolvió el problema inicial. En la siguiente tabla se recoge un ejemplo en el que se puede apreciar la relación entre problema, objetivo general y objetivos específicos. PROBLEMA OBJETIVO GENERAL OBJETIVOS ESPECÍFICOS ¿Qué uso se está haciendo en los centros de Educación Primaria de la provincia X de las TIC, por parte de profesores y alumnos? Averiguar la utilización de las TIC en las materias básicas de Educación Primaria en centros educativos públicos de la provincia X, tanto desde la perspectiva del profesorado como del alumnado. 1. Comprender las circunstancias que rodean el uso de las TIC en el ámbito educativo, tales como el contexto, posibilidades, innovaciones tecnológicas, implicaciones, etc. 2. Aproximarse al uso real de las TIC que hace el profesorado de Educación Primaria, incluyendo los diferentes factores, competencias y expectativas que lo rodean. 3. Examinar experiencias sobre tecnología en el ámbito de la Educación Primaria, en programas, aplicaciones, contenidos y distintas actividades. 4. Determinar necesidades para la incorporación de las TIC en la Educación Primaria, posibles usos, requerimientos para su utilización normalizada, etc. Relación entre problema, objetivo general y objetivos específicos. Antes de plantearse los objetivos hay que pensar si éstos dan respuesta a todas las vertientes emanadas del problema de investigación y tener la seguridad de que están a nuestro alcance. Por este motivo, deberá constatarse que sean: realistas, medibles, congruentes, de importancia y redactarse poniendo énfasis en el valor que tienen para mejorar la organización. En esta relación el investigador se puede plantear preguntas del tipo: - ¿Por qué investigo? Porque necesito resolver un problema. - ¿Qué investigo? Unos objetivos que tienen un determinado problema. - ¿Para qué investigo? Para resolver el problema. Un problema sin objetivos no genera actividades, al igual que ocurre cuando hay muchos objetivos y ningún problema definido con claridad. Cuando los objetivos se plantean desligados del problema, la investigación carece de contenido y se muestra llena de imprecisiones. Por consiguiente, la relación entre el problema y los objetivos es obligatoria, no se puede emprender un proceso investigador con garantías si no se establecen vínculos entre ellos. Justificación de la investigación Además de los objetivos y las preguntas de investigación es necesario justificar las razones que motivan el estudio. La mayoría de las investigaciones se efectúan con un propósito definido, no se hacen simplemente por capricho de una persona; y ese propósito debe ser lo suficientemente fuerte para que se justifique la realización. Además, en muchos casos se tiene que explicar ante una o varias personas por qué es conveniente llevar a cabo la investigación y cuáles son los beneficios que se derivarán de ella. El pasante deberá explicar a un comité escolar el valor de la tesis que piensa realizar, el investigador universitario hará lo mismo con el grupo de personas que en su institución aprueba proyectos de investigación e incluso con sus colegas, el asesor tendrá que explicar a su cliente las recompensas que se obtendrán de un estudio determinado, igualmente el subordinado que propone una investigación a su superior deberá dar razones de la utilidad de ésta. Lo mismo ocurre en casi todos los casos. Criterios para evaluar el valor potencial de una investigación. Obviamente una investigación puede ser conveniente por diversos motivos: tal vez ayude a resolver un problema social o a construir una nueva teoría. Lo que algunos consideran que es relevante y debe ser investigado, para otros no lo es. Llega a diferir la opinión de las personas a este respecto. Sin embargo, se puede establecer una serie de criterios para evaluar la utilidad de un estudio propuesto, criterios que evidentemente son flexibles y de ninguna manera son exhaustivos. A continuación se proporcionan algunos de estos criterios formulados como preguntas, los cuales fueron adaptados de Ackoff (1953) y Miller (1977). Podemos decir que, cuanto mayor número de respuestas se contesten positiva y satisfactoriamente, más sólida será la investigación para justificar su realización. 1. Conveniencia. ¿Qué tan conveniente es la investigación? Esto es, ¿para qué sirve? 2. Relevancia social. ¿Cuál es su relevancia para la sociedad?, ¿quiénes se beneficiarán con los resultados de la investigación?, ¿de qué modo? En resumen, ¿qué proyección social tiene? 3. Implicaciones prácticas. ¿Ayudará a resolver algún problema práctico?, ¿tiene implicaciones trascendentales para una amplia gama de problemas prácticos? 4. Valor teórico. Con la investigación, ¿se logrará llenar algún hueco de conocimiento?, ¿se podrán generalizar los resultados a principios más amplios?, ¿la información que se obtenga puede servir para comentar, desarrollar o apoyar una teoría?, ¿se podrá conocer en mayor medida el comportamiento de una o diversas variables o la relación entre ellas?, ¿ofrece la posibilidad de una exploración fructífera de algún fenómeno?, ¿qué se espera saber con los resultados que no se conociera antes?, ¿puede sugerir ideas, recomendaciones o hipótesis a futuros estudios? 5. Utilidad metodológica. La investigación, ¿puede ayudar a crear un nuevo instrumento para recolectar y/o analizar datos?, ¿ayuda a la definición de un concepto, variable o relación entre variables?, ¿pueden lograrse con ella mejoras de la forma de experimentar con una o más variables?, ¿sugiere cómo estudiar más adecuadamente una población? Desde luego, es muy difícil que una investigación pueda responder positivamente a todos estos interrogantes; algunas veces incluso, sólo puede cumplir un criterio. Definición del título El título es una de las decisiones que más trabajo cuesta adoptar a lo largo del proceso investigador. Precisa de capacidad de síntesis y la suficiente claridad para comunicar el contenido. A menudo resulta habitual la duda ante las palabras a elegir y el sentido del texto. Como norma general se debe dejar abierta la posibilidad de que pueda cambiarse o matizarse hasta dar con el título exacto en el que el investigador se vea identificado. No se debe olvidar que éste supone la puerta que dará entrada al informe de investigación una vez terminado. A modo de ejemplo, se puede recordar cómo el título de un libro o de una película nos hace recordar el contenido. A partir del problema es cuando el investigador acota el área a investigar y piensa en darle solución o determinar lo que lo está causando. El título elegido debe ser explícito en cuanto a la determinación del tipo de investigación que esconde tras él, así como el diseño utilizado. Entre las características más destacadas a tener en cuenta están: - Brevedad. Es importante evitar enunciados largos, que tengan excesivos detalles. Debe ser corto, claro y conciso. - Si no fuera posible exponer el título en un único enunciado, se puede recurrir a un texto principal corto, seguido tras un punto, de un subtítulo que determine con más precisión los contenidos que el investigador considera imprescindibles. Por ejemplo: "La población inmigrante extranjera en la provincia de Jaén. Análisis de su interacción con el mercado de trabajo". - No se debe olvidar el público al que va dirigido el trabajo de investigación. Es importante la exactitud en el enunciado, de éste depende que se lleve a cabo una perfecta comprensión de lo que se expone en la misma, sin falsas expectativas, sin inconsistencias. Además hay que añadir que capte la atención de la comunidad científica y por extensión del tribunal examinador. Servirá de ayuda someter el título a la interpretación de lectores potenciales y a raíz de las sugerencias recogidas, mejorarlo. No existen recetas mágicas para confeccionar un buen título, ni patrones que puedan servir en todos los casos. Cada título debe contener las palabras que permitan informar al lector sobre el contenido y lo destaquen entre todos los que tengan relación con la temática. En la siguiente tabla se recogen algunas recomendaciones a tener en cuenta. RECOMENDACIONES  Evitar el hipérbaton y ordenar bien las palabras para evitar malos entendidos.  Buscar una plena correspondencia entre el continente y el contenido.  No emplear subrayados ni negritas y utilizar los entrecomillados solo cuando sea imprescindible.  No emplear punto final.  Evitar las redundancias.  Elegir bien las palabras para ganar en claridad y precisión.  Consultar, en caso necesario, a expertos en el tema.  Leerlo en voz alta, como si fuera de otro, ayuda a conseguir comprender si integra todo el contenido.  Revisar títulos de otras tesis y trabajos de investigación. Un consejo que complementa los de la tabla anterior: Escribe tres o cuatro títulos diferentes sobre el tema estudiado que incorporen variantes, incluso alguna palabra de más o de menos. Esto contribuye a aclarar las ideas y a redondear el título definitivo. No es habitual, pero en algunas ocasiones el rumbo del trabajo en sus resultados y conclusiones ha llevado al investigador a variar parte de los planteamientos que tan claros le parecían al principio. Tras revisar con cautela el título, es posible que deba matizarse en alguno de sus términos. Puede hacerse sin problemas. Bibliografía recomendada - Hernández Sampieri, R., Fernández Collado, C. y Baptista, P. (2003). Metodología de la investigación. México: McGraw-Hill. - Kerlinger, F. N. (1975). Investigación del comportamiento: técnicas y metodología. México: Nueva Editorial Interamericana. - León, O. G. y Montero, I. (2002). Métodos de Investigación en Psicología y Educación. Madrid: McGraw-Hill. - McMillan, J. H. y Schumacher, S. (2005). Investigación educativa. Madrid: Pearson. - Sierra Bravo, R. (2003). Tesis doctorales y trabajos de investigación científica. Madrid: Thomson. 
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