Filosofía de la educación. Bauman resumen de modernidad liquida















































































Bauman plantea que el contexto actual se asemeja al elemento líquido: “sufre un continuo cambio”; fluye, no permanece, es inestable, cambiante, “(...) no se [fija] al espacio ni se [ata] al tiempo”

El mismo, se contrapone a la “modernidad sólida”: aquella compuesta por instituciones (famlia, Estado, Iglesia, Escuelas, etc.) rígidas, concebidas como “seguras”, estables, inmodificables y eternas. Sin embargo, el desarrollo del propio sistema requería la “emancipación de la economía de sus tradicionales ataduras (...) ese nuevo orden debía ser más sólido (....) inmune a los embates de cualquier acción que no [sea] económica”. Ésta última debía permanecer “sólida” para los intereses de la clase dominante. 


La globalización y otros avances tecnológicos han desmoronado los límites del tiempo - espacio: el primero, se ha reducido a la instantaneidad (a través de un click podemos comunicarnos con cualquier parte del mundo, o realizar un tour virtual por cualquier ciudad o museo); a la vez que que el “poder” ha sorteado los límites del espacio, convirtiéndose en un poder global; extraterritorial. 

Tal como plantea el autor el problema consiste en que el poder se ha vuelto global, pero las políticas continúan siendo “extremadamente territoriales: no tienen una mirada global ni realizan acciones en conjunto. (...) los encumbrados y poderosos (...) rechazan y evitan lo durable [celebrando] lo efímero”. La globalización negativa, no fue seguida por una globalización positiva, reconstitutiva: se destruyeron los poderes locales, pero no se crearon en contrapartida poderes ni políticas globales; “¿quién debe realizar la tarea?...”


Es el “fin de la era del compromiso mutuo. (...) la principal técnica de poder es (...) la huida, (...) la capacidad de evitar, el rechazo [del] confinamiento territorial y de sus (...) corolarios de construcción y mantenimiento de un orden, de la responsabilidad por sus consecuencias y de la necesidad de afrontar sus costos”

Las nuevas tácticas de poder pueden verse representadas por las guerras actuales (el autor cita la Guerra del Golfo y la de Yugoslavia; pero podemos pensar en cualquiera de los conflictos bélicos que permanecen encendidos en la actualidad: Franja de Gaza, Irak, Afganistán Siria, etc. -25 conflictos bélicos se desarrollaron durante el 2018, de los cuales 10 se intensificaron este año-); ya no se despliegan intrincadas tácticas terrestres de invasión sino que se realizan bombardeos masivos desde el espacio aéreo (que a cada instante cobra mayor importancia, no solo para “romper” los esquemas del espacio -viajes incluso al espacio extraterrestre- y del tiempo -las telecomunicaciones se establecen por vía aérea-); o mediante misiles teledirigidos desde la otra punta del mapa a través de una computadora. 

Ya no interesa la conquista de más y mayores territorios, “sino la demolición de los muros que impedían el flujo de los nuevos poderes globales fluidos (...) se podría decir (...) que la guerra de hoy se parece cada vez más a la “promoción el libre comercio mundial por otros medios”.

 En la actualidad ser un “ciudadano global” se considera una virtud y para ello es necesario eliminar las barreras que impiden la libre circulación (de los poderosos): “La mayoría sedentaria es gobernada por una elite nómade y extraterritorial”. 


Las sociedades actuales, tal como afirma Claus, se han tornado rígidas en cuanto al status quo (la preeminencia de la economía que sirve a los “poderosos”); y esto se debe a la escisión entre Sociedad e Individuo. Se han disuelto los “sólidos” (no económicos) que unen, enlazan, arraigan, y constituyen “los vínculos entre las elecciones individuales y (...) las acciones colectivas”

Pero… ¿Qué fue primero… el huevo o la gallina? ¿Las expectativas crearon el mundo líquido o viceversa?. “La desintegración social es tanto una afección como un resultado de la nueva técnica del poder que emplea (...) el descompromiso y el arte de la huida”.  Es por esto que todo el poder se aboca a desmantelar las redes sociales (no virtuales), “en nombre de una mayor y constante fluidez (...) fuente de su principal fuerza y la garantía de su invencibilidad”. 

Al mismo tiempo el debilitamiento de los vínculos sociales o lazos nacionalizantes (características culturales -entendida como conjunto de normas, valores, costumbres, rituales, signos y símbolos que conforman un lenguaje, etc. y se traducen en formas de pensar, sentir, actuar y relacionarse con otros y con el mundo que nos rodea-) “permiten que esos poderes puedan actuar”.


Los medios masivos de comunicación (a los que casi todas las personas acceden) fomentan la competencia: aparecen reality shows como Gran Hermano. En ellos, las personas se comprometen (más que con las luchas políticas, por ejemplo) porque son representativos de nuestra vida y confirman dos “leyes”: la de la exclusión (el débil es expulsado hasta que solo uno gana); y la primacía de la individualidad (los“equipos” son solo útiles temporalmente, en la medida que me permitan ganar). Así, se “crean personalidades antes que autoridades”

Los argumentos sólidos, críticos y extensos no sólo son innecesarios sino aborrecidos (el “tiempo” televisivo se encuentra sobrevalorado): “no se ajusta el valor del discurso por su esfuerzo y peso, sino por la personalidad que la esboza”

No podemos eludir responsabilidades (característica típica de la modernidad líquida), nosotros somos sus consumidores; nos informamos mucho, “sabemos poco”. El mundo “líquido” genera individuos que se sienten impotentes, no pueden prevenir, ni prepararse para afrontar la “realidad”. 

Es necesaria una revolución cultural que ataque las raíces de la cuestión: la economía, el mercado. En la actualidad la ley dominante es “disfrute ahora pague después”. Las personas nacen endeudadas en cualquier país que posea deuda pública (¿todos?). 

El sistema colapsó, “la crisis bancaria es resultado de su éxito”. Mediante diversos créditos, convirtieron a la mayoría de la humanidad en prestatarios, la deuda era fuente permanente de ingresos para la élite; pero alcanzó su límite. 

Se abre un debate (casi siempre también mediático) ¿cuál es la solución?. Incluso muchos “poderes” dirán que debemos preguntarnos primero, ¿cuál es el problema?... Más difícil aún será establecer un consenso acerca de “quién” debe establecer o determinar si existe un problema, o quién ha de encargarse de su resolución.


Esta encrucijada se debe a que, los nuevos desafíos complejos requieren respuestas complejas, construidas en conjunto en pos del futuro; sin embargo “en un entorno fluido hablar de compromiso constituye una contradicción”. La idea es mantener abiertas las expectativas, vivir una vida interesante, repleta de aventuras, rica en experiencias; no permanecer, pertenecer ni comprometerse con ningún interés que no sea el propio. 



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