Ciencia jurídica o técnica política: ¿Es posible una ciencia del derecho? Atienza y Vernengo. Resumen. Apuntes. Filosofía del Derecho















































































Ciencia jurídica o técnica política: ¿Es posible una ciencia del derecho?


Considero que el status epistemológico de un área del conocimiento es relativo.  A lo largo de la historia de la filosofía y de la gnoseología se han planteado diversas posturas respecto de este y otros temas.


Con el auge de las ciencias, se consideró que éstas debían tener un objeto de estudio -observable, tangible, empírico- y un método para estudiar a dicho objeto -la experimentación- y que a su vez le permitiera arribar a conclusiones -teorías- de alcance universal: aplicables a cualquier tiempo -momento histórico- y lugar -sociedad-.


Sin embargo hoy en día, se consideran otros objetos de estudio no empíricos, se utilizan otros métodos, y se consagra lo que podríamos denominar “relativismo científico”: la necesidad de contextualizar las teorías -esto es aún más notorio en las ciencias sociales- y la imposibilidad de alcanzar verdades, leyes, teorías, etc. de carácter universal.

Como afirmamos, en la actualidad, el carácter “científico” de un área de estudio, como afirman diversos autores expuestos en el texto, se ha flexibilizado: ya no refiere exclusivamente a un conocimiento acabado, que permite establecer verdades absolutas; incluso en el área lógico - matemática.


Es cierto también, que ciencia y técnica se necesitan y retroalimentan.

Ya no existe la disyuntiva entre ciencia y técnico, al menos en modo general la comunidad reconoce la necesidad recíproca entre ambos elementos; por lo que continuar el debate por el carácter científico o no del derecho puede ser contraproducente.


Sin lugar a dudas, que tal análisis puede repercutir positivamente no solo en la visión que tienen los de “afuera” (la sociedad) de la práctica docente -aquello que tiene carácter científico, generalmente redunda en mayor reconocimiento social, debido a la “confiabilidad en lo científico” que heredamos de la Ilustración-. También es de gran utilizad para promover  la metacognición de nuestra práctica docente; pero más allá de estos puntos puede ser perjudicial porque como dijimos significa perpetuar una dicotomía -técnica vs. ciencia- ya superada.

 

En nuestra asignatura la diversidad de opiniones o de “libros” sobre un tema son también notorias: Mientras algunos juristas o doctrinos pueden analizar una norma en un sentido, otros los pueden hacer hacia uno diametralmente opuesto. Por lo que el hecho de que se plantean disyuntivas -tanto en su status científico o no, como dentro del área- es, al menos, esperable.


No podemos dejar de reconocer que las normas que nos regulan, esconden valores inscriptos que responden a un contexto histórico (Por ejemplo: Uruguay en 1830 vs. Uruguay 2019; Uruguay 2019 vs. Emiratos Arabes 2019; etc.) con sus ramificaciones política, económica, social, cultural, etc. 

Nuestra asignatura requiere un análisis crítico de las normas, inscriptas en una determinada sociedad, y teniendo en cuenta su eficacia social: el grado de cumplimiento o no por parte de la nación. 

La correlación entre el “ser” y el “deber ser” de las normas -como afirmaba Kelsen- es de suma importancia, ya que en el Derecho se presenta un “problema” que no sucede en otras ramas de la ciencia: el sujeto que conoce (jurista, doctrino, docente, etc.), depende de alguna manera del objeto que estudia (está inserto y dependen del orden jurídico que va a analizar) y éste además, no siempre refleja con coherencia la realidad social que debería regular.


No es tampoco creíble -como afirman los “críticos de derecha”- que el ser humano tenga “capacidad natural para juzgar rectamente y con acierto” los actos que se producen en la sociedad.


Aquello que consideramos “bueno” o “malo”; “deseable” o no en una determinada sociedad, responde a esa determinada sociedad ubicada en un determinado contexto histórico; es decir que tiene estrecha relación con los principios culturales que dominan en esa sociedad, por ello la actividad relacionada con el derecho tiene la particularidad de estrechar en la investigación, ambos elementos del conocimiento: sujeto y objeto; y por ende no podemos considerar que el jurista, doctrino o docente pueda ser neutral frente a esas normas.


Lo importante, creo que se trata de cuestionar nuestra práctica procurando no reproducir como afirman los “críticos de izquierda” el sistema económico dominante y con ello, su “oscura confabulación destinada a perpetuar el dominio [del grupo dominante] (...)”. Contribuir a formar seres humanos críticos de su entorno, que realicen análisis racionales, basados en hechos y experiencias próximas; y que practiquen una ciudadanía activa tendiente a lograr el bienestar de la sociedad en la que viven; allí radicaría según mi entender, el carácter “científico” -entendido como un conocimiento racional- de nuestra asignatura.


Yael Montero






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